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miércoles, 12 de octubre de 2016

Súper Vidal coloca a Chile en carrera a Rusia 2018


CHILE 2 - PERÚ 1

Pese a estar con amigdalitis, el todocampista anotó dos goles y fue la gran figura de la Roja en el triunfo ante Perú.
A la generación dorada chilena no se le había olvidado jugar. En una noche de inspiración, la Roja venció a Perú por 2-1 y recuperó la esperanza de optar a uno de los cupos para la Copa del Mundo de Rusia 2018, algo que se veía complicado. Incluso, hasta cuando faltaban cuatro minutos para el término del partido.
Arturo Vidal fue fue el director de la orquesta. El todocampista del Bayern Munich, quien estaba convaleciente de una amigdalitis purulenta, no parecía estar enfermo. Por el contrario, se echó el equipo al hombro y tuvo ribetes de genialidad en una noche mágica.
Al minuto y medio de partido ya le había dado un pase de 25 metros a Charles Aránguiz dentro del área. Luego, Arturo recuperó una pelota, posibilitó el desborde de Alexis Sánchez y el cabezazo en suspensión aérea de Eduardo Vargas que Pedro Gallese sacó con la punta de los dedos. Y a los nueve minutos, Vidal apareció solo por el medio para cabecearle cruzado al portero peruano y decretar el 1-0, tras brillante desborde de Mauricio Isla.
Fue el desahogo de la fanaticada chilena, que no festejaba en Santiago desde el 8 de octubre del año pasado cuando la Roja, aún bajo el mando de Jorge Luis Sampaoli, venció a Brasil. Y que había sufrido con los empates en casa contra Colombia y Bolivia. Y, peor aún, que se había martirizado a la distancia con la deslucida caída ante Ecuador, el jueves pasado.
Vargas, quien no anota desde los cuatro que marcó en el 7-0 a México en Santa Clara por la Copa América Centenario, dispuso de una oportunidad a los 20 minutos, pero elevó, cuando lo más aconsejable era ceder la pelota hacia el medio. A continuación, Vidal se perdió un gol increíble en el área chica. Conectó el centro de Jean Beausejour, pero Gallese se interpuso y evitó un tanto inminente. Jugada de blooper.
El portero peruano se volvió a agigantar a los 39', cuando desvió un cabezazo a quemarropa de Nicolás Castillo. Y a los 45' casi se le cuela un tiro libre de Aránguiz, un híbrido entre centro y tiro al arco, que iba con mucho veneno y que Alexis no alcanzó a desviar.
Chile lució como hace tiempo no lo hacía. Y Perú decepcionó. La pregunta es ¿cómo bajó tanto el equipo que complicó a Argentina en Lima el jueves pasado? El Flaco Gareca se agarraba su largo pelo blondo a cada rato buscando explicaciones.
El ingreso de Raúl Ruidíaz en el complemento le dio más peso ofensivo a Perú. Si bien Chile no dejó de atacar y estuvo a punto de anotar el segundo con un zurdazo a Aránguiz, sí le dio la oportunidad de crecer a los de la franja roja.
La ocasión más clara de los albirrojos fue al cuarto de hora con un cabezazo de Aldo Corzo que pasó a milímetros del palo derecho de Claudio Bravo. Y a los 65', Christian Cueva desvió increíblemente ante la salida del portero del Manchester City.
Arturo Vidal pidió cambio a los 67 minutos. El todoterreno se había torcido el tobillo izquierdo y estaba exhausto, pero Pizzi envió a la cancha a Edson Puch por Castillo. Y a los 72', el mismo Vidal, quien estaba muerto cinco minutos antes, llegó a conectar el centro de Alexis y casi anota el segundo.
A 15 minutos del final, una genialidad de Edison Flores casi provoca el milagro peruano. Eludió a dos jugadores a la entrada del área y sacó un "puntete" que se le coló a Claudio Bravo. Los más viejos recordaron el zurdazo de J. J. Muñante que sorprendió a Adolfo Nef y que dejó a Chile fuera del Mundial de Argentina 78.
Los menos viejos, el derechazo de Juan Jayo Legario camino a Corea Japón 2002. Como fuera, el tanto del empate traía consigo un aire de fatalidad.
A cuatro minutos del final, Vidal tomó la pelota fuera del área, dio la media vuelta y conectó un zurdazo que pasó entre las piernas de Alberto Rodríguez y se metió junto al palo. La estirada a destiempo de Gallese ayudó a adornar la foto del triunfo, en donde el Rey Arturo salió corriendo con los brazos al viento y con la cara llena de gol.
Después de eso, el volante del Bayern se fue al piso y salió del campo en camilla. La ovación brotó espontánea. Porque cuando la orquesta sonaba bien, era Vidal quien llevaba la batuta. Y cuando las cuerdas perdieron el tono y los vientos dejaron de ser potentes, fue el propio Arturo quien puso el afinador.

En una noche mágica, Chile ganó gracias a un jugador de categoría mundial llamado Arturo Vidal. Así de simple.

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