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sábado, 24 de diciembre de 2016

La campesina que inició el rescate del tomate rosado


Cuando aparecieron los tomates larga vida, redonditos, de cáscara gruesa y fáciles de pelar,

Margarita Contreras creyó que el mundo comenzaba a acabar. Sin el sabor de los tradicionales rosados, que conocía desde niña en su localidad de Flor del Llano, cerca de San Clemente, los miró con atención y se propuso, más que nunca, cultivar los suyos.
"Mi madre y mi padre me habían enseñado a cultivarlos y por lo mismo, apenas se dio la oportunidad de compartir las semillas, no lo pensé dos veces. Llamé a mis amigos y decidimos rescatar su producción porque sabíamos que mucha gente estaría dispuesta a pagar un poco más porque no tiene nada que ver con los que se venden en los supermercados", recuerda.
Fue así que se acercaron a otros productores y, a través de la Confederación Nacional Campesina y Trabajadores del Agro de Chile (Conagro), decidieron iniciar el rescate de lo más puro de la tradición tomatera de la región del Maule.
"No fue difícil ponernos de acuerdo -cuenta Margarita-, porque al primero que contacté fue a Antonio González y juntos pedimos apoyo a Conagro, que nos aceptó inmediatamente". En tanto, la entidad gremial había decidido, coincidentemente, a inicios del 2015, ejecutar un proyecto con un nombre bastante familiar para las aspiraciones de Margarita: "Contribución al rescate de variedades tradicionales de tomate rosado". O sea, sus tomates.
La idea, como cualquier cultivo, había comenzado también a germinar en otras regiones y Conagro ya tenía conversaciones con pequeños agricultores en la comuna metropolitana de Llay Llay, por lo que si alguno encontraba la idea algo descabellada no lo era tanto. Así se inicia la siembra de semillas celosamente bien tratadas por Margarita.
Pero no era solo eso. La productora de San Clemente no usaba productos químicos para controlar plagas y menos para hacer crecer artificialmente su producción. En otras palabras, y de acuerdo con los especialistas de Conagro, coinciden en que los tomates rosados "son producidos aplicando técnicas agroecológicas, lo que resulta en un producto libre beneficioso para la salud de quienes lo consumen y al mismo tiempo más sustentables que la agricultura convencional".
Además, los acuerdos entre Conagro e INIA La Platina permitieron elaborar un plan de capacitación para el proceso de manejo de las semillas que ha sido de gran utilidad, tanto en San Clemente como en Llay Llay, para la conservación de las variedades locales que, como lo explica, "son variedades que pertenecen a una zona geográfica delimitada, llevan cultivándose durante mucho tiempo (en este caso, más de 70 años) con manejo específico de los agricultores, además de estar adaptadas a estas condiciones y poseer una riqueza fitogenética. Esto es material genético de origen vegetal de enorme valor".

"La verdad es que son feos si se comparan con los tomates larga vida, tienen una cáscara más delgada. Pero hay que probarlos y ahí no existe comparación en materia de sabor y aroma", concluye Margarita.

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