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viernes, 2 de diciembre de 2016

La olvidada tradición vitivinícola del valle de Petorca


Las bodegas de la viña El Sobrante guardan la herencia de las primeras vides traídas a Chile

por los conquistadores españoles y con las cuales nace la olvidada y sorprendente tradición vitivinícola del valle de Petorca, recóndita localidad de la Región de Valparaíso distante 164 kilómetros de Viña del Mar.
Tierras dominadas en el pasado por la Quintrala y que luego heredaron agustinos y jesuitas, quienes establecieron los primeros parronales para surtir de vino a la naciente "Villa Santa Ana de Briviesca", hoy llamada simplemente Petorca.
Un legado que han sacado a la luz los miembros de la Sociedad Agrícola y Ganadera El Sobrante –depositarios y herederos naturales de esta tradición– quienes con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y un grupo de jóvenes profesionales, se propusieron valorizar la elaboración artesanal de vinos y chichas de cepas ancestrales, confiriéndoles conocimientos y aprendizajes acumulados durante más de un siglo.
"La Sociedad se formó en los años de la Reforma Agraria y permitió dar continuidad a la producción vitivinícola iniciada durante la Colonia", comenta su presidente, Mauricio Olivares. "Nosotros sabíamos que nuestras cepas y vinos tenían un valor patrimonial, y en el año 2014 nos planteamos el desafío de rescatar la tradición de elaboración artesanal del producto".
Se acercaron entonces a FIA, que aquel año había abierto una línea de apoyo a proyectos de rescate y valorización del patrimonio agrario, alimentario y forestal de Chile. Gracias a los recursos y al acompañamiento técnico aportados por la agencia de innovación, "los 39 socios y algunos de sus herederos hemos dado la pelea para recuperar las instalaciones de la viña y revalorizar estos vinos de más de 100 años de antigüedad", agrega Olivares.
El proyecto se comenzó a ejecutar en diciembre de 2014 y al cabo de dos años los resultados superaron las expectativas, logrando la producción de cuatro variedades de vino calidad premium de las cepas país, cristal, torontel y moscatel –bajo etiqueta "Campo Oculto"– además de una chicha cocida de altísimo nivel, de acuerdo a lo constatado en diversas catas enológicas, comenta Julio Vergara, el joven ingeniero agrónomo que coordina el proyecto.
Apasionado por la enología patrimonial, Vergara muestra su satisfacción con el trabajo realizado. "Estos vinos y la chicha constituyen un patrimonio cultural del conocimiento heredado por generaciones de campesinos, que en sus parronales y bodegas contienen un legado con los mejores atributos de sus raíces".
Vergara agrega que los vinos y la chicha de El Sobrante se distinguen de otros, ya que es posible reconocer en su elaboración las características de un vino con tradición local y campesina, que ha ido adaptándose, al igual que su comunidad, a los desafíos actuales, agregándole valor y manteniendo las cepas del Chile colonial.
"Las cepas que encontramos en los viñedos de El Sobrante, dan cuenta de un legado que se mantuvo conservado discretamente desde la época colonial hasta nuestros días. Estamos hablando de las primeras variedades de uva llegadas a América, traídas por los españoles y sus órdenes religiosas", relata.
Por su parte, el subdirector de FIA, Alexis Zepeda comenta que actualmente la Fundación se encuentra apoyando una serie de iniciativas que buscan poner en valor variedades, preparaciones y productos tradicionales de nuestra tierra, "y sin duda los vinos de El Sobrante cumplen con esta condición, con un carácter patrimonial incuestionable, lo que agrega valor al producto y puede dar impulso a nuevos emprendimientos asociados al enoturismo y al turismo rural".
Más que vinos
Si bien el objetivo principal del proyecto fue rescatar y poner en valor la identidad campesina asociada a la producción de los vinos, el trabajo contempló también el perfeccionamiento de las técnicas de elaboración, el mejoramiento de la infraestructura de la viña, el desarrollo de habilidades para su comercialización y la generación de estrategias de apropiación y visibilización, manteniendo el carácter artesanal de los productos.
"Se repararon las bodegas de almacenamiento y se adquirió maquinaria para mejorar el producto, como barricas y cubas de acero inoxidable, que permitieron manejar de mejor manera los procesos. Además habilitamos una sala de ventas y encargamos el diseño de marca, con una gráfica moderna pero que conserva la identidad de El Sobrante y sus habitantes", cuenta Vergara.
Además se determinaron los puntos críticos en la elaboración del vino y subproductos. Y se realizó un catastro a fin de determinar las variedades viníferas existentes y proponer nuevas que se adecuen a la zona. Finalmente, se realizó una investigación histórica-sociocultural y su difusión en torno al rescate y puesta en valor de la identidad territorial local, "de manera de otorgarle un valor agregado a los productos y facilitar los procesos de comercialización".

Al final de este primer período de guarda, Viña El Sobrante logró una producción de 1.500 litros de vino, 1.000 litros de chicha y 900 litros de vinos ensamblajes de diferentes cepas. Los productos pueden adquirirse en la sala de ventas de El Sobrante o enviando un correo electrónico a bodega@elsobrante.cl.

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