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martes, 21 de febrero de 2017

La vida después del virus Hanta: hablan tres sobrevivientes

Publicado: Martes, 21 Febrero 2017 07:04 Escrito por Mario San Martin
Eduardo Morel, Diego Masoli y Paulina Walker estuvieron en coma entre 10 días y un mes. Debieron aprender de nuevo a comer y caminar.


Aún hay gente que me dice: 'Me acuerdo haber rezado por ti'". Paulina Walker, diseñadora.

Lo último que me acuerdo fue la angustia de pensar que podía morir". Diego Masoli, médico.
Cuando el ingeniero civil Eduardo Morel (42) llegó con fiebre alta a la clínica, el médico le dijo que era una gripe. Lo inyectó y lo envió a su casa. Pero al otro día tenía vómitos, dolor muscular y diarrea.

Su último recuerdo antes de caer en coma por 15 días fue estar sentado en la sala de urgencias de la Clínica Alemana. De eso han pasado tres años y sólo después de que despertó supo que su diagnóstico fue virus Hanta.
"Se supone que me infecté en la fundición de Madeco. Había un desecho de ratón que respiré y me contaminé", cuenta Morel, quien es sobrino de la ex primera dama Cecilia Morel.

Eduardo fue uno de los 44 casos de 2013, una enfermedad que sólo en lo que va de 2017 registra 25 contagiados. La cifra más alta en cinco años.

"Cuando me desperté fue como en las películas: vi tres o cuatro cabezas y los focos de luz encima mío, todo borroso", comenta. Se dio cuenta de que estaba entubado a una máquina ECMO —que presta soporte a las funciones del corazón y pulmones— y que no podía moverse ni hablar. Sólo se comunicaba con parpadeos.

La recuperación fue larga. Perdió mucha masa muscular y 23 kilos de peso. "No tenía fuerza en brazos ni piernas. No podía comer ni caminar, tuve que aprender de nuevo. Fue muy frustrante", afirma.

Fue por dos meses a kinesiología para retomar su vida. Y quedó con secuelas que lo obligan a tomar un medicamento de por vida por una infección al esófago.

El Hanta también le dejó parte de la pierna derecha paralizada. "La saqué barata en comparación con otros afectados que son amputados, quedan con daño neurológico irreversible o tienen otras complicaciones", dice Eduardo.

"Estuve un mes en coma"
Siete meses estuvo el médico Diego Masoli (39) yendo de lunes a sábado al Hospital del Trabajador a kinesiología y rehabilitación. "Es lo más difícil de la enfermedad. Uno queda muy débil en todo ámbito. Para sentirme normal me demoré por lo menos dos años", dice.

Se contagió en 2006 en el lago Rupanco. Estuvo un mes en coma y más de tres hospitalizado. "Fueron varias cirugías y tratamiento de las infecciones que tenía debido a un compromiso en la pierna por donde te inyectan la sangre del ECMO".

Las heridas le provocaron un cuadro gangrenoso en su pie izquierdo, por lo que perdió musculatura y el efecto de los nervios en esa zona.
"Cuando desperté del coma, no entendía nada. Estaba completamente perdido y muy sedado. Lo último que me acuerdo fue la angustia terrible de pensar que me podía morir", recuerda.
"Mis pulmones no daban más"

Tanto marcó la enfermedad a la diseñadora Paulina Walker (34), que su memoria de título fue sobre su experiencia con el Hanta: "Reflejé cada día de mi enfermedad en cajas de luz y ahí puse todo lo que salió en el diario, con los diagnósticos, mis pensamientos y sueños".

Se infectó en 1996 cuando fue a esquiar con su familia a Chillán y cuando se sanó —quedó sin secuelas— tuvo que aprender de nuevo a caminar y comer. "En ese tiempo había muy pocos casos y se habían muerto todos. Yo fui uno de los primeros que sobrevivieron", cuenta la diseñadora. Y agrega: "Aún hay gente que me dice: '¿Tú eres la Paulina Walker que tuvo Hanta? Me acuerdo haber rezado por tu caso', y yo lo agradezco un montón".

En esos años la tecnología era distinta, por lo que la Clínica Alemana envió sus muestras a EE.UU. para confirmar la enfermedad. "Estaba con ventilador mecánico y quedé en coma inducido por 10 días porque mis pulmones ya no daban más. Estuve muy grave, pero de a poco empecé a tirar para arriba".

Cuando despertó del coma, al comienzo estaba "entre la realidad y la ficción". Pero al incorporarse y ver su familia y a los médicos alrededor, pensó: "Chuta, estoy viva, estoy bien".
"Hay que devolver la mano" Llaman a donar plasma

El Hanta tiene una mortalidad de aproximadamente 30%, y puede disminuir al 13 % gracias al suero de plasma —sangre sin glóbulos rojos ni blancos— con anticuerpos de sobrevivientes. Paulina Walker donó para los dos scouts que están internados en la Clínica Alemana. Eduardo Morel y Diego Masoli también son donantes activos. "Hay que devolver la mano", señala Morel.

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