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miércoles, 19 de julio de 2017

La científica chilena y su apuesta por las viñas sustentables

Publicado: Miércoles, 19 Julio 2017 07:00 Escrito por El Mostrador
Según los expertos, la zona centro-sur de Chile, donde se concentran la producción vitivinícola, es un área de alta importancia

de conservación por su gran variedad de especies endémicas, sin embargo, menos del 1% está bajo algún grado de protección estatal. En este contexto, la ecóloga Olga Barbosa vio una oportunidad para mostrarle al rubro vitivinícola el impacto que tenía el cuidado de la biodiversidad en la economía y producción del vino e instó a protegerla. “La ecología no puede estar haciéndose solo en los parques nacionales”, dice Barbosa.

El laboratorio de Olga Barbosa en la Universidad Austral de Valdivia tiene un fuerte olor a vinagre. Con impecable delantal blanco, la doctora en Ecología se las arregla para contestar las incesantes llamadas de su teléfono a la vez que toma muestras de distintos tipos de vinos y los vierte en diferentes pipetas. Dice que no puede contar mucho más de esa investigación.

Su amor por el vino está marcado por su historia familiar. Su abuelo, Rui Barbosa, fue uno de los primeros enólogos del país y quien le enseñó mucho de lo que ella sabe hoy sobre el tema. En 2008, aburrida del estudio de la ecología tradicional, se dispuso a pensar en cómo hacer que su ciencia tuviera un impacto en la sociedad. La conexión con el vino le apareció casi instantáneamente mientras, asegura, tomaba una copa de Merlot. Esta fascinación por la viticultura se mezcló con la discusión científica de la época. “El 2008 ya se sabía que la zona central de Chile era un lugar prioritario para la conservación y la gente se estaba preguntando cómo iban a conservar un área que básicamente estaba en manos de la agricultura, las forestales y otros terrenos privados”, explica Barbosa.

Luego de adjudicarse un fondo de Conicyt, la científica vio un mapa satelital y marcó todas las viñas que tenían bosques esclerófilos. Tomó el auto y fue puerta a puerta a preguntar por los encargados de las viñas para mostrarles la compatibilidad entre la industria y la conservación de la biodiversidad. “Yo me presentaba en cada una de las viñas con bastante vergüenza en un principio diciendo: "Hola soy Olga Barbosa, trabajo para el Instituto de Ecología y Biodiversidad" y ya había un cri-cri porque ¿qué es eso? Después, “Soy doctora en Ecología” y también cri cri. “¿No trabajai pa’ greenpeace?" No, soy científica. Y otro cri cri más porque era científica”, cuenta la ecóloga.

Aunque en un principio pocas viñas aceptaron trabajar con ella, hoy ya suma 20 en total, logrando cubrir 25.000 hectáreas que ahora están bajo un acuerdo de protección voluntaria con el programa que Olga lleva con el Instituto de Ecología y Biodiversidad. “Mi objetivo principal fue demostrarles a todos que lo que hacía era científico: yo medía ciertas funcionas ecosistémicas en los campos y tenía que demostrar que eso existía y que era un servicio para ellos”, señala. Parte importante del trabajo era realizar capacitaciones y talleres a todos los trabajadores de la viña, donde Olga contaba cómo funcionaban los ecosistemas que los rodeaban y cuál era el impacto de afectarlos. “A los que trabajan en la parte más administrativa de la viña, le impresiona mucho cuando les mostramos ejemplos de valoración del servicio ecosistémicos porque mencionamos cuánto cuesta perder un servicio ecosistémico. Ahí les hemos mostrado, por ejemplo, cuánto cuesta el servicio de producción de agua limpia para la cuenca del río Hudson que es la que alimenta de agua potable a la ciudad de Nueva York. Eso se sabe que son 2.3 millones de dólares. Eso es lo que pasa cuando tu pierdes un servicio ecosistémico”, señala.
El camino a las viñas sustentables.

Los pequeños parches de bosque que existen dentro las viñas o los cerros que las rodean son los lugares que Barbosa señala que deben conservarse en vez de convertirlos en extensiones del monocultivo. “Muchas viñas que tienen bosque y que tienen estas prácticas de conservación pueden hacer manejo orgánico de manera más fácil”. El manejo orgánico se basa en no usar compuestos agroquímicos en general, sin embargo, el no usar pesticidas significa que la viña tiene que mantenerse con la biodiversidad de insectos que hay. “Si tu tienes muchos bichos, es muy difícil que haya uno que predomine porque en el nicho ecológico todas las posibilidades de supervivencia están ocupadas, entonces eso es un seguro a largo plazo de tener pocas pestes”, dice la investigadora.

Para Miguel Mujica, gerente agrícola y viticultor de Viña Viu Manent los cambios que ha producido la integración de parámetros de biodiversidad han sido notorios. “Hemos ido aprendiendo y en la medida que vas aprendiendo vas teniendo argumentos tanto para la gente de la viña como para la gente que nos visita y vas teniendo respaldo de lo que estás hablando y la gracia es que eso se ve plasmado”. Mujica cuenta que en los campos es fácil ver más vegetación que antes además de un aumento en la fauna del lugar. Aunque señala que el proceso para saber si este cambio afectará el sabor del vino es lento, asegura que se han ido gatillando procesos que en el futuro servirán para comparar. “Hemos ido aumentando la fermentación con levaduras nativas y hemos dejado de usar pesticidas, son cosas de largo plazo pero son cambios igual”, señala.

Aunque en un principio la propuesta de Olga Barbosa fue rechazada en la asociación Vinos de Chile, hoy trabajan activamente juntos. “Las viñas que trabajaban con nosotros estaban tan convencidas de que el tema era importante que ellos exigieron que nos subcontrataran y modificaran el código por el cual ellos se tienen que regir. Hoy día el código de sustentabilidad tiene todo un capítulo de biodiversidad”, dice Barbosa.

Belen Ruz, Coordinadora de Sustentabilidad de Vinos de Chile reconoce la importancia de que la industria aprenda de biodiversidad. “Ahora las viñas están mucho más familiarizadas con el concepto porque hemos intentado ir concientizando sobre la importancia que tiene para ellos mismos proteger el bosque nativo”. Ruz asegura que las viñas han recibido muy bien las propuestas del código de sustentabilidad y que solo en un comienzo afectaba el desconocimiento que existía sobre el tema. “Para nosotros el aporte de la ciencia es primordial para crecer como industria e ir actualizándonos”, asegura.
Identidad del vino.

Para Olga Barbosa, la identidad del vino chileno también tiene que ver con el paisaje que tienen las viñas nacionales. “Cuando muestran una viña de mil hectáreas súper bonita, ordenada, perfecta y todo, eso podría ser en California, Sudáfrica, Portugal...no importa. Pero una viña con el bosque esclerófilo atrás...eso es único de Chile. Esa es nuestra identidad del vino”, comenta Barbosa.

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